Más de 100.000 personas participaron en la 26ª Marcha del Orgullo en Santiago, Chile, una de las manifestaciones más grandes del movimiento LGBTQ en el país sudamericano, el 27 de junio.
El evento, organizado por el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual y Fundación Iguales, transcurrió por la Alameda, principal avenida capitalina, con banderas, carteles y consignas en apoyo a la igualdad, en un contexto de preocupación de las organizaciones por el rumbo del gobierno del presidente José Antonio Kast.
La marcha estuvo precedida de discursos en la Plaza Baquedano y contó con la participación de organizaciones de derechos humanos, familias, activistas, víctimas de discriminación y representantes de diversas embajadas. Este año, el desfile también fue encabezado por personas mayores LGBTQ del grupo Años Rosados, parte de Acción Gay, como un gesto de recuerdo histórico para quienes vivieron décadas en las que expresar públicamente la orientación sexual o identidad de género podía significar persecución, encarcelamiento o exclusión social.
“Esta marcha demuestra que la lucha por la igualdad sigue viva y no será relegada al armario”, dijo la portavoz del Movilh, Javiera Zúñiga. “Marchamos con recuerdo, con orgullo y con la convicción de que Chile no puede hacer retroceder los derechos que hemos conquistado”.
Durante el evento, las organizaciones pidieron al gobierno chileno avanzar en una reforma integral de la Ley Zamudio (la ley contra la discriminación vigente desde 2012), así como introducir sanciones por discurso de odio y fortalecer las protecciones para las personas LGBTQ en la educación, la atención médica, el lugar de trabajo y los espacios públicos.
El fundador de Movilh, Rolando Jiménez, señaló que Chile entre 1991 y 2022 logró avances significativos hacia la igualdad y la no discriminación. Advirtió, sin embargo, que este progreso ha comenzado a perder impulso en los últimos años y que, bajo la actual administración, las señales se han vuelto cada vez más preocupantes.
“Durante décadas, Chile trazó un camino de progreso, con leyes y políticas públicas que ampliaron los derechos. Hoy marchamos porque hay ataques dirigidos a debilitar esas protecciones e impedir mayores avances”, afirmó Jiménez.
La marcha tuvo lugar en un país que, en los últimos años, ha establecido un marco legal sólido para la diversidad sexual y de género. Chile cuenta con un Acuerdo de Unión Civil desde 2015, una ley de derechos de las personas transgénero desde 2018 y un matrimonio igualitario desde 2022. Para estas organizaciones, este marco legal explica por qué las decisiones recientes del Ejecutivo y el Congreso son vistas como signos de regresión, no simplemente como debates administrativos.
Uno de los principales puntos de preocupación surgió en marzo, cuando la administración Kast, poco después de que el nuevo presidente asumiera el cargo, decidió no respaldar una declaración de derechos LGBTQ de la Organización de Estados Americanos. La decisión marcó un alejamiento de la postura adoptada por administraciones anteriores y fue interpretada por organizaciones de la sociedad civil como una señal de un debilitamiento de la política exterior de Chile en materia de derechos humanos.
La Cancillería, sin embargo, ha sostenido que Chile sigue comprometido con la promoción y protección de los derechos humanos sin discriminación, y que la decisión se debió a diferencias en la redacción del documento. Esa explicación no ha disipado del todo las dudas de estas organizaciones, que durante la marcha exigieron al Ejecutivo una postura pública clara y coherente.
A cien días del inicio de la administración Kast, Fundación Iguales también presentó los resultados de su Radar LGBTQ+, una iniciativa de monitoreo continuo de medidas gubernamentales, legislativas y administrativas que impactan los derechos de las personas LGBTQ en Chile.
Según la organización, de las nueve medidas registradas hasta el momento, cinco han sido calificadas como desfavorables, tres permanecen en evaluación y sólo una ha sido considerada favorable.
Entre las medidas adversas, Fundación Iguales identifica acciones que, a su juicio, implican hostilidad, restricción o eliminación de políticas públicas o salvaguardas previamente existentes. En esta categoría incluye la derogación de la Circular 781, que protegía a estudiantes LGBTQ en instituciones educativas; La decisión de Chile de abstenerse de la declaración LGBTQ de la OEA; la eliminación de la sección sobre diversidad de la encuesta nacional de hogares; la discontinuación del programa de capacitación en inclusión para funcionarios públicos; y alineación con EE.UU. para restringir la definición de género en la ONU
El seguimiento también incluye tres medidas actualmente en evaluación cuyo impacto final aún no se ha determinado: el Plan Nacional de Derechos Humanos, el reglamento de acceso a la justicia y el reglamento de la Ley de Adopción. En contraste, la única medida favorable identificada hasta el momento es la sanción de la Ley de Convivencia Escolar, que la fundación considera una acción que amplía o protege derechos.
Fundación Iguales afirma que el Radar LGBTQ+ se actualiza en tiempo real y que cada medida incluye su fuente, fecha e institución responsable. Para la organización, el balance de los primeros 100 días de Kast confirma que las señales del ejecutivo no son incidentes aislados sino que forman parte de un patrón que debe ser monitoreado por la sociedad civil y la comunidad internacional.
Otro movimiento controvertido tuvo lugar en el sector educativo. La Superintendencia de Educación derogó circulares relacionadas con la convivencia escolar y reglamentos internos, incluidas disposiciones que abordan la identidad de género y la no discriminación. Sin embargo, pocos días antes de la marcha, la Contraloría General confirmó la legalidad de la Circular 812, que protege los derechos de los estudiantes trans en el sistema escolar, rechazando el intento de declarar ilegal esa norma.
Para Fundación Iguales, este fallo fue una señal significativa en medio de un clima político adverso.
“El hecho de que grupos organizados hayan intentado eliminar esta circular dice mucho de los tiempos que vivimos. Celebramos que la Contraloría haya aclarado el asunto y permaneceremos atentos para evitar retrocesos”, dijo María José Cumplido, directora ejecutiva de la organización.
El debate también llegó al Congreso.
La Cámara de Diputados, en medio del mes del Orgullo, aprobó un proyecto de resolución que pide a Kast eliminar el uso del lenguaje inclusivo en los servicios públicos. La iniciativa, respaldada por sectores de derecha, pedía la derogación de los actos administrativos que promueven estas formas de comunicación y la prohibición de lo que definió como “distorsiones gramaticales” basadas en género, etnia u otras clasificaciones identitarias.
Para las organizaciones LGBTQ, la medida es de naturaleza ideológica y no reconoce que el lenguaje inclusivo no ha sido una imposición generalizada, sino más bien una herramienta utilizada en ciertos contextos para nombrar a grupos históricamente excluidos. En la marcha, este punto fue uno de los ejemplos más citados del nuevo clima político que se ha afianzado bajo la administración Kast.
A pesar de esta situación, las organizaciones también destacaron un desarrollo institucional positivo: la presidenta del Senado, Paulina Núñez, de Renovación Nacional, un partido gobernante de derecha más moderado, se comprometió en mayo a impulsar la reforma de la Ley Zamudio y servir de puente con el poder ejecutivo para avanzar en la modernización de la legislación contra la discriminación. La reforma se encuentra actualmente estancada en el Congreso, a pesar de años de críticas de organizaciones de derechos humanos por su limitada efectividad.
“El compromiso de avanzar en la reforma de la Ley Zamudio es una buena noticia, porque Chile necesita una legislación antidiscriminatoria efectiva, con herramientas reales para proteger a las víctimas y combatir los discursos de odio”, afirmaron representantes del Movilh.
La marcha culminó con un acto cultural en la Plaza Los Héroes, pero el mensaje político fue claro desde el inicio: las organizaciones no sólo celebraron los avances logrados sino que advirtieron que estos derechos requieren una defensa constante.
Para los grupos organizadores, el país sigue teniendo una base legal sólida en materia de diversidad sexual y de género, pero enfrenta un período de incertidumbre bajo un gobierno conservador que, en sus primeros meses, ha enviado señales contradictorias sobre la continuidad de esos compromisos.
Chile ya cuenta con legislación sobre identidad de género, uniones civiles y matrimonio igualitario. Por esta razón, las organizaciones consideran que los retrocesos que han observado no son meramente simbólicos sino que podrían socavar las salvaguardas que forman parte del marco democrático que el país ha construido durante las últimas décadas.





