EBRU ERKE

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En la cumbre de la OTAN en Ankara, los líderes mundiales se reunieron para discutir seguridad y diplomacia. Sin embargo, es posible que el mensaje más memorable no se haya pronunciado en las salas de reuniones, sino en la mesa del comedor. A través de ingredientes regionales cuidadosamente seleccionados, chefs célebres y recetas centenarias, Türkiye presentó su herencia culinaria como una poderosa herramienta de diplomacia cultural.
“Denme buenos chefs y les daré buenos acuerdos”. Esta famosa cita, atribuida al diplomático francés Charles-Maurice de Talleyrand, es quizás la definición más perdurable de lo que ahora llamamos gastrodiplomacia. Durante siglos, las naciones han comprendido que algunos de sus mensajes más fuertes no se transmiten a través de las mesas de negociación, sino alrededor de las mesas de comedor. La reciente Cumbre de la OTAN en Ankara se convirtió en uno de los mejores ejemplos contemporáneos de este principio. Mientras los líderes mundiales se reunían en el Complejo Presidencial para discutir la seguridad, la defensa y el futuro del mundo, cada plato servido ante ellos contaba otra historia: una de las miles de años de herencia culinaria de Türkiye, su riqueza agrícola, su notable diversidad regional y su visión gastronómica.
En los últimos años, muchos países han llegado a ver la gastronomía no sólo como parte de su cultura culinaria, sino como un poderoso instrumento de política exterior y diplomacia cultural. Hoy en día, este enfoque se conoce ampliamente como gastrodiplomacia. Una comida cuidadosamente seleccionada se ha convertido en una de las formas más efectivas para que una nación presente su agricultura, sus productores locales, su identidad cultural y su forma de vida al mundo.
Las mesas puestas en Ankara demostraron que Türkiye habla ahora el mismo lenguaje gastronómico que las principales naciones del mundo, presentando una parte esencial de su identidad nacional con confianza y sofisticación. El hecho de que las tres comidas oficiales transmitieran la misma narrativa fue quizás la indicación más clara de esta visión. La cena de gala para jefes de Estado en el Complejo Presidencial fue organizada por el chef Fatih Tutak. La cena oficial para las delegaciones internacionales estuvo a cargo del Chef Sinem Özler. Al día siguiente, el almuerzo ofrecido para las Primeras Damas llevaba la firma del chef Osman Sezener. Tres chefs distinguidos, tres mesas diferentes, pero una filosofía compartida.
En mi opinión, la mayor fortaleza de estos menús iba mucho más allá de su excelencia culinaria. Su verdadero logro estuvo en presentar los ingredientes junto con sus orígenes e identidades. Mantequilla de Trabzon, miel de flores silvestres de Hizan, alcachofas de Urla, hojas de parra Tokat, pasta de tomate AyaÅŸ, queso Erzincan Tulum, masilla de ÇeÅŸme y helado de MaraÅŸ… Juntos, estos ingredientes formaron nada menos que un mapa culinario de Anatolia. En gastronomía la procedencia se considera parte inseparable del sabor. Identificar de dónde proviene un ingrediente nunca es simplemente brindar información; se trata de dar visibilidad a la tierra, al productor y a la cultura que hay detrás. Eso es precisamente lo que lograron estas mesas de la OTAN.
Otro detalle que me llamó especialmente la atención fue la decisión deliberada de no traducir los nombres de los platos tradicionales de la región. Haydari siguió siendo Haydari. HibeÅŸ siguió siendo HibeÅŸ. Mantı siguió siendo Mantı. Tarhana siguió siendo Tarhana. Uno de los principios fundamentales de la gastronomía contemporánea es preservar la auténtica identidad tanto de los ingredientes como de los platos. Sus nombres representan no sólo la comida sino también las culturas de las que se originan. Presentar el vocabulario de la cocina turca al mundo con la misma confianza fue, en mi opinión, una elección totalmente apropiada y significativa.
Otro aspecto digno de mención de los menús fue que una proporción significativa de los ingredientes procedían cuidadosamente de productores de diferentes regiones de Türkiye. No se trataba simplemente de una búsqueda de la calidad, sino también de una poderosa declaración de apoyo a los productores locales y a la agricultura regional.
Entre los platos fuertes de la cena oficial celebrada la noche del 7 de julio para las delegaciones internacionales se encontraba el excepcionalmente delicado Seraf İçli Köfte del chef Sinem Özler, que, según los asistentes, se convirtió en uno de los platos más comentados de la velada. Al día siguiente, el chef Osman Sezener continuó contando la historia de Anatolia a través de siete mezze regionales servidos a las Primeras Damas, junto con platos como alcachofas de Urla con habas Gambilya, costillas de res y freekeh keÅŸkek.
Türkiye ahora también habla a través de su cocina. Ver a chefs de renombre internacional como Fatih Tutak, Sinem Özler y Osman Sezener a cargo de las mesas oficiales del país fue profundamente significativo. Hoy en día, las naciones están representadas no sólo por sus políticos sino también por sus chefs, sus productores y su herencia culinaria. El hecho de que la gastronomía turca se haya transformado en un instrumento de diplomacia cultural tan reflexivo, cohesivo y poderoso marca un hito importante para la identidad internacional del país.





