
En Colombia, la arepa suele considerarse un acompañamiento imprescindible, mientras que en la vecina Venezuela es la protagonista indiscutible de la comida. Ambas naciones reclaman como propio el pan plano de maíz. Pero más allá de los cansados argumentos de ida y vuelta, el acalorado debate viral sobre el origen de la arepa está consolidando su legado culinario a través de fronteras.
“La controversia personalmente me ha ayudado mucho”, bromea el chef Jorge Udelman, propietario de Orale Arepa, un popular restaurante venezolano en la Ciudad de México. “En diferentes lugares del mundo, cuando digo que soy venezolano, automáticamente me preguntan en tono de burla: ‘¿La arepa es venezolana o colombiana?’ Entonces, para mí, siempre es un motivo para relajarme. Siempre he respetado el hecho de que cada país tiene su propia arepa que defender”.
El chef Udelman describe la arepa como “un alimento noble que gusta a todos”. Destaca que su base de maíz sin gluten encaja perfectamente en la dieta latinoamericana. “Entre nuestros platos más solicitados se encuentran las arepas más tradicionales con frijoles, queso, plátano macho y una sabrosa carne desmenuzada. Soy amante de lo clásico. No cambiaría nada de la arepa en su conjunto”.

Rastreando el origen de la arepa
En su libro ¡Viva la Arepa!, el historiador Miguel Felipe Dorta proclama que la palabra “arepa” puede tener su origen en “erepa”, que significaba “maíz” en la lengua de los indígenas cumanagotos. También se sabía que los nativos muisca y zenú de Colombia preparaban panes a base de maíz como alimento básico en su dieta, mucho antes de la llegada de los españoles.
Los primeros asentamientos coloniales dieron lugar a nuevas variaciones de la receta original, con modificaciones en el método de cocción y la adición de queso artesanal.
Colombia ahora cuenta con la mayor variedad de arepas, incluidas las “paisas”, “boyacenses”, “santandereanas” y “choclo”, por nombrar algunas. Mientras tanto, Venezuela ha generado rellenos más extendidos, como “reina pepiada”, “sifrina”, “pabellón criollo”, “llanera” y “dominó”.
Un sabor de hogar
Aunque las arepas colombianas suelen consumirse como complemento de platos principales, son insustituibles en la tradición culinaria del país.
Luz Mery Vásquez, propietaria de Arepas del Hogar en el Valle del Cauca, suroeste de Colombia, cree que es importante “respetar y mantener las recetas tradicionales de las arepas originales colombianas, con el uso de ingredientes locales de alta calidad”.
La empresaria local considera que dirigir su fábrica artesanal centrada en arepas es gratificante y desafiante. “La arepa es el tercer producto más vendido en el país, después del huevo y el pan. Representa nuestro sueño hecho realidad y refleja nuestro deseo de acercar estos valores a nuestros clientes, ofreciendo un producto que transmita cariño, confianza y sabor a hogar en cada bocado”, explica.
El negocio familiar de Vásquez ofrece cinco tipos de arepas, siendo las arepas gruesas las más populares.

Un lienzo para la creatividad
“La arepa es un patrimonio compartido que trasciende fronteras”, dice Ximena Montilla Arreaza, directora ejecutiva de Grupo Arraigo, una coalición editorial y editorial. “Su origen se remonta a las culturas prehispánicas de Venezuela y Colombia. Cada país ha desarrollado sus tradiciones y variaciones, simbolizando su identidad nacional y reflejando la riqueza y creatividad de sus respectivas culturas”.
El proyecto educativo de Montilla Arreaza, Historia de la Arepa, resalta el papel que juega el manjar de harina de maíz como puente cultural, así como su potencial universal. “La globalización puede ser una poderosa herramienta para preservar y difundir nuestra identidad culinaria, siempre y cuando se respete su esencia. Lo vemos como una celebración de similitudes y diferencias. Aunque nuestro proyecto se centra más en la arepa venezolana, eso no significa que no consideremos también su herencia colombiana”, explica.
“Incluso en tiempos de escasez en Venezuela, cuando no había harina de maíz disponible, las arepas se hacían con calabaza, plátano, yuca, batata, entre otros productos que estaban al alcance”, señala Montilla Arreaza, haciendo referencia a la comercialización, a menudo volátil, de las mezclas preenvasadas en Venezuela.
El Grupo Arraigo presentó recientemente el libro Una Arepa para la Paz, que presenta 14 recetas de arepas de países que acogen refugiados, en el Simposio Internacional de Gastronomía y el Congreso de Mujeres Líderes de la Universidad de Harvard.
“En definitiva, la arepa es unión y celebración. Los latinos son una gran comunidad que comparte deliciosos panes de maíz que también están relacionados con la arepa, como tortillas, changas, pupusas y gorditas. Debemos buscar unirnos y entender que las similitudes y contrastes que nos combinan también nos enriquecen. ¡La mejor arepa es la que se comparte!», afirma.






