BarcelonaEl Palacio de Pedralbes se vistió de gala para entregar las distinciones con las que la Academia Catalana de Gastronomía y Nutrición (ACGN) premia cada año el talento de nuestra tierra. Más de 550 personas se reunieron y disfrutaron juntos de una cena ofrecida por los chefs Romain Fornell y Óscar Manresa.
Este año, los galardonados con el Premio Nacional de Gastronomía Tradicional y el Premio de Gastronomía de Autor son dos cocineros muy queridos. En primer lugar, Jaume Subirós, el alma del Motel Empordà, ha sido reconocido en la categoría de cocina tradicional. El restaurante de Figueres es una institución en el país, y garante de la buena comida y del buen servicio. Subirós empezó a trabajar allí con 12 años a las órdenes del que sería su suegro, Josep Mercader, cuyo centenario se conmemora este año. Subirós se alegra de recibir el premio “y de poder trabajar cada día sabiendo que detrás hay una sucesión”. Se refiere a sus hijos, quienes garantizan la continuidad. “Sólo hay un tipo de cocina: la buena cocina. De producto y de la tierra”, afirma. Y para terminar pide el deseo, que la escuela de cocina creada por Mercader siga funcionando durante mucho más tiempo.
Raúl Balam Ruscallada ha sido reconocido con el Premio Nacional de Gastronomía al Chef. Dice que está “feliz, encantado y asustado”, ya que a menudo aparece el síndrome del impostor. Sí cree, sin embargo, que se trata de un reconocimiento que llega tras treinta años como chef. “Empecé el 6/9/1996”, explica. El chef, que también cumplirá este año 50 años, sabe que el restaurante que dirige, Moments, ubicado dentro del Hotel Mandarin Oriental, se encuentra en un muy buen momento ya que dedican sus menús a la estacionalidad y dejan que el curso de la naturaleza decida qué servir. Se alegra de comprobar también que cada vez se hace más cocina catalana: “Veo esperanza en los jóvenes que abren restaurantes y buscan la tradición”. Tiene claro que “el cliente debe entender que tenemos que cuidar el mar, pero también a quienes trabajan en el mar”. Lo mismo ocurre con la huerta y la ganadería. “Ellos son los que hacen grande a nuestro país. Ya perdimos la industria textil”, explica. Y lo refuerza con un “los catalanes no han sabido venderse, pero ahora empezamos a creérnoslo”.
Una trayectoria diferente
Vilarrubà fue sustituido por Joan Font Torrent. Patricia Sierra es la tercera generación al frente de La Granja Elena, el restaurante de la Zona Franca que no recibe más que elogios. Ella es la jefa de servicio y sumiller, y ha sido una figura clave en la elevación del nivel del restaurante. Por ello, la academia la ha reconocido con el premio Jefa de Servicio. —Me tomó por sorpresa. En este tipo de premios no esperas que se fijen en un lugar modesto como el nuestro”, afirma Sierra. La Granja Elena es un local popular “con una clientela ecléctica, donde uno come un bocadillo y otro toma un buen vino”. El restaurante fundado por su abuela en la cocina y su padre en la sala, ahora lo regentan ella y sus dos hermanos. “Hace diecisiete años, decidà volver a casa; necesitaban a alguien que supiera vinos. Era la pieza que faltaba, me dijo mi padre”, recuerda. Abel Sierra ve ahora con orgullo cómo la sucesión, que en un principio podría haber parecido difícil, ha sido un éxito.
El premio especial de este año ha recaído en Carles Vilarrubí, presidente de ACGN desde 2016, fallecido a finales de año. Vilarrubà fue artífice de una importante transformación de la institución y de su consolidación como referente nacional de la gastronomía catalana. “Hay personas que entienden las instituciones como una expresión de representación, y hay quienes las entienden como una forma de servicio al país. Carles Vilarrubà pertenecía sin duda a esta segunda forma de ejercer la responsabilidad pública e institucional”, afirma ACGN. A Vilarrubà le sucedió Joan Font Torrent, que ya ejercía como vicepresidente.






