El director artístico del Southbank Centre, Mark Ball, advirtió: “Te espera una velada muy ruidosa”, ante los vítores del público. Verdadero según los estándares de la música clásica, pero dudo que estos niveles de decibelios llamen la atención de los habituales del rock y el heavy metal. Y sí, este último programa en Multitudes, la extravagancia anual de múltiples artes impulsada por orquestas del centro, atrajo a una multitud en la que se mezclaban camisetas de bandas, pintalabios negro y cuero con ropa de oficina, forros polares y todo lo demás.
La Orquesta Filarmónica había cambiado el frac y las colas por más cazadoras de cuero y merchandising de bandas. El director Santtu-Matias Rouvali reapareció después del intermedio con cantidades industriales de delineador. Entre otras cosas, este concierto recordó lo espectacular que puede ser una gran orquesta. Como escuché a alguien maravillarse después de la primera mitad: “Piensas, ¿de dónde viene ese sonido, entonces?”.
Sobre todo, fue una actuación que se deleitó en el poder del sonido. En el Paseo de las Valkirias de Wagner, las cuerdas de la Filarmónica resultaron desconcertantemente metálicas gracias a la amplificación pesada. Pero la recompensa llegó cuando la orquesta fue acompañada por dos guitarras eléctricas, un bajo eléctrico y una batería, colocados detrás de espesuras de Perspex protector, en un arreglo que simultáneamente potenciaba el bajo de Wagner y el ritmo.
Otros éxitos clásicos (Marte de Holst, un inesperado toque del Adagietto de la Quinta de Mahler, el Presto del Verano de Vivaldi) se mezclaron con arreglos sinfónicos de favoritos del rock. Las cuerdas y el arpa de la Filarmónica sirvieron un resplandor cósmico en vivo en Orion de Metallica y deliciosos chillidos de trompeta en Can the Can de Suzi Quatro. Quatro aportó más punk que en nota en su propia canción, pero su profundo contralto fue sorprendentemente efectivo en Knockin’ on Heaven’s Door de Bob Dylan. Alison Mosshart de The Kills y el roquero finlandés Mr. Lordi aportaron estrellas adicionales, este último comandando las palmas del público.
Que este mashup gentilmente anárquico fuera tan persuasivo fue gracias en última instancia a Rouvali. Participando enérgicamente tanto en números clásicos como de rock, el ex baterista de rock cambió su podio por la batería en Hard Rock Hallelujah, la ganadora del festival de Eurovisión de 2006 de Lordi, impulsando este concierto hacia su cierre desde el propio corazón del rock.
[Contexto: Rouvali es un talentoso director de orquesta finlandés.] [Fact Check: Se menciona una actuación de Suzi Quatro, una cantante y bajista británica conocida por su papel pionero en el rock femenino.]





